martes, 10 de abril de 2018

MADRES FUNDADORAS CMST



M. TERESA PETRA DE LA CRUZ MUCIÑO MORENO



 La primera que ingresó fue la M. Manuela de la Cruz Muciño Moreno. entró el 24 de diciembre de 1893, cuando la Congregación de las Hijas del Calvario tenía apenas ocho años de fundada.


           
            La M. Manuela era originaria de Sta. María Nativitas, pueblo cercano a la ciudad de Toluca, Mex. Había nacido allí el 4 de julio de 1868 y fue bautizada en la parroquia de San Pedro y San Pablo del pueblo de Calimaya, Mex. a la que pertenecía Nativitas. Con el bautismo recibió los nombres de Ma. Filomena de la Luz. Era primogénita de Don Ignacio Muciño y Doña Mercedes Moreno. La posición económica y social de su padre, era buena. A pesar de esta holgura económica de la familia Muciño, María Filomena no pudo recibir otra instrucción que la que el tiempo, el lugar y los escrúpulos maternos le permitieron. Sus tías, que tenían una escuelita en el pueblo la enseñaron a leer y escribir. Aprendió también las labores domésticas propias de su condición de mujer. Su infancia, adolescencia y primera juventud, las pasó en un ambiente pueblerino de trabajo, tranquilidad y piedad. Sus familiares y hermanas de la Congregación que aún viven, la recuerdan como una persona sincera, muy recta, sencilla, muy trabajadora y de un carácter fuerte, decidido y enérgico. Perteneció hasta su entrada en la vida religiosa, a las Hijas de María. El P. Tomás Moreno que era su tío, fue su director espiritual.
           
            Su vocación se despertó con fuerza cuando asistió a una ceremonia de las Carmelitas Descalzas de Toluca, Mex. Posiblemente se trató de la toma de Hábito o profesión de una amiga de María Filomena. Esta tuvo oportunidad de hablar con las madres del Calvario que tenían una casa muy cerca de las madres Carmelitas. Después de este suceso, hizo propósito de entrar con las Hijas del Calvario cuando fuera mayor de edad al cumplir 25 años aunque sus padres se opusieran (Don Ignacio y Doña Mercedes, en efecto, no querían que su hija entrara al convento). Y así lo cumplió, pues como hemos dicho, ingresó a la Congregación el 24 de diciembre de 1893. Su entrada tuvo lugar en la casa que las Hijas del Calvario tenían en la Ciudad de Toluca. Al salir de su casa para el convento, unas amistades le regalaron una imagen del Niño Jesús de Praga. Cuando posteriormente se separó de la Hijas del Calvario "alrededor de esta imagencita sentadas en el suelo, pasaban horas trabajando o rezando".
           
            En la Congregación de Hijas del Calvario le pusieron el nombre de María Manuela de la Cruz. Sus familiares recuerdan que estuvo también en la casa de Oaxaca y en la Villa de Guadalupe.
           
            Se dice que la M. Manuela quedó encargada de la Congregación cuando en 1900 las fundadoras Srtas. Larráinzar emprendieron un viaje a Roma. Entonces pasó a la casa central, en la Ciudad de México, D.F., que se encontraba muy cerca del Carmen de México, y es muy probable que en esta época tuvo oportunidad de conocer al P. Pedro de San Elías, ocd., que recién llegado de España residía en este lugar, y a quien desde entonces, tomó por director espiritual. El hecho de haber estado al frente de la Congregación durante un año, es signo elocuente del aprecio en que las Srtas, Larráinzar tenían a la M. Manuela y su buen desempeño le trajo la simpatía de la Congregación. Las Fundadoras "volvieron a Roma el año 1901, es muy probable que en esa fecha volvió también la M. Manuela a Toluca, donde se encontraba en 1903 al llevarse a cabo la separación de las religiosas que formaban la primera comunidad.
           
            En la nueva Congregación fue la primera superiora. No dejó escritos propios, pero su legado espiritual quedó condensado en el ejemplo de su vida que permanece vivo en la Congregación.
           
            Las hermanas la recuerdan como una mujer con un gran espíritu de abnegación, pobreza, obediencia, bondad, amabilidad, humildad. A pesar de su carácter fuerte inspiraba confianza, y su presencia imponía respeto.
           
            Las personas que la conocieron y trataron  sobre todo los indígenas la llamaban "mamá grande" porque encontraban en ella caridad para los pobres.
           
            Su estimación era general, todas las hermanas alaban su observancia, su modestia, su amor a la limpieza, su caridad y preferencia por los pobres, su respeto por los superiores eclesiásticos y su gratitud. Era muy diligente para atender a sus religiosas y remediar la necesidad que las afligía. Murió el 17 de marzo de 1944 después de padecer durante cinco días neumonía. Fue muy llorada por todas sus hijas, entre las cuales una expresó: " La M. Teresa fue heroica y nos enseñó cómo se sufre y cómo se persevera":
           
            A pesar de que ella nunca se atribuyó el título de fundadora era considerada como tal dentro y fuera de la Congregación.

  
M. CARMEN DE SAN ELISEO GALLARDO LEON

La segunda que ingresó a la Congregación de las Hijas del Calvario fue la M. María de la Luz del Corazón Inmaculado de María Gallardo León, lo hizo el 14 de agosto de 1894. Nació en la Hacienda de Sardinas, Salamanca, Gto., el 3 de agosto de 1867. Bautizada en la parroquia de Salamanca el día 5 de mismo mes y año. Se le pusieron los nombres de María Dominga Nieves. Fueron sus padres Don Francisco Gallardo y Doña Dolores León. Al nacer ella murió su madre. Sus hermanos Soledad y Jesús contaban con 14 y 12 años respectivamente.
           
            Su padre trabajaba como mayordomo en la Hacienda de "Sardinas", cuando murió su esposa y nació su hija María Dominga. De ese modo la orfandad y la pobreza rodearon desde un principio la infancia de María Dominga. Los problemas se agudizaron por la muerte de su padre. María Dominga contaba entonces 5 años. Doblemente huérfana la niña quedó al cuidado de sus hermanos mayores Soledad y Jesús.
           
            María Dominga debía tener apenas una instrucción escolar suficiente para saber leer y escribir. Las graves dificultades familiares por las que atravesó su infancia y adolescencia no debieron permitirle más. El sufrimiento precoz que tuvo que soportar debió, sin embargo, servirle de escuela y ayudarla a madurar. Las privaciones por las que pasó influyeron también en su salud que nunca fue sólida. La religiosidad de su familia que participaba de la ya tradicional de los pueblos del bajío, debió ser el principio de su vocación religiosa. En su familia se encuentran varias religiosas y sacerdotes. Fue allí mismo en Salamanca donde probablemente conoció a las "Hijas del Calvario". Estas religiosas tenían allí desde 1890 una escuela gratuita.
           
            Por entonces tenía de confesor y director espiritual al P. Toribio Muñoz sacerdote diocesano, que le insistía que ya era tiempo de tomar estado, pues ya tenía 27 años de edad. Ella optó por meterse monja aprovechando la visita de las religiosas del Calvario que buscaban vocaciones. Sus familiares recuerdan que su ingreso tuvo lugar en la Ciudad de México el 14 de agosto de 1894.
           
            Al ingresar a la Congregación del Calvario le cambiaron el nombre por el de María de la Luz del Inmaculado Corazón de María. Se ignora donde pasó el tiempo de postulantado y noviciado. Sus familiares recuerdan que estuvo en las casas de Toluca, en el asilo de la villa de Guadalupe y en la casa central donde era superiora local al momento de la separación en 1903.
           
            La M. María de la Luz era de carácter bondadoso, prudente, inclinada a la piedad, humilde y alegre. Las Srtas. Larráinzar la debieron tener en mucha estimación ya que le habían confiado cargos de responsabilidad, María de la Luz era una de las que las Srtas. Larráinzar preparaban para mandarla a la fundación de Tívoli, Italia.
           
            Tampoco ella dejó escritos propios, pero con el testimonio de su vida enriqueció la espiritualidad de la Congregación. Se le recuerda por su vida abnegada y sacrificada, muy recta en todas sus acciones, siendo su único móvil el servicio de Dios y la salvación de las almas. Siempre buscaba para alentar y consolar a la que veía sufrir, ayudaba en los trabajos rudos, que le eran siempre preferidos. Fue siempre muy observante en el cumplimiento de sus deberes religiosos, tenía una devoción muy especial al Niño Jesús de Praga.
           
            Por su carácter sencillo, humilde y caritativo acudían a ellas las hermanas en busca de apoyo y consuelo. En estos casos, como en la época en que fue maestra de novicias, procuraba consolar y aconsejar diciendo algunas frases que aún se recuerdan: "Donde hay conformidad no se padece" "Vamos aquí camino de la cruz" "Sea por amor de Dios todo cuanto padecemos" "Paciencia, paciencia para ganar el cielo necesitamos mucha paciencia".
           
            Murió el 27 de julio de 1940 después de recibir los últimos sacramentos, al recibir la comunión su rostro se transformó. Su agonía fue con una paz conmovedora que dejó edificadas a todas las religiosas que se encontraban con ella. Antes de morir abrió muy bien sus ojos, miró a toda la comunidad allí reunida y los cerró en paz.

M. SOLEDAD DE LA PASIÓN PÉREZ BISUETO
La tercera se llamaba M. María Ignacia de los Tres Clavos de Cristo, Pérez Bisurto. Ingresó a la congregación de Hijas del Calvario en fecha desconocida, aunque consta que para febrero de 1899 ya se encontraba en ella. Nació en Jalapa, Ver., el año 1865. Recibió el bautismo el primero de febrero de dicho año. Se le dieron los nombres de María Martina Ignacia. Sus padres D. Gabriel Pérez y Dña. Josefa Bisueto parece que eran de escasos recursos económicos y no pudieron dar a Ma. Ignacia sino una preparación escolar rudimentaria. Sabía leer y escribir. Era alegre e inocentemente juguetona, muy amante del trabajo y de una piedad sencilla, constantemente practicada. Desconocemos en qué casas del Calvario estuvo. Mientras vivió allí, su trabajo consistió en colectar limosnas, cosa que hacia con mucha fidelidad y dedicación. Se encontraba probablemente, en la casa central de la Congregación cuando tuvo efecto la separación en 1903. En la nueva Congregación se llamó Soledad de la Pasión, fue la última de las cuatro fundadoras en morir. Prestó sus servicios no sólo procurando las ayudas de las bienhechoras, lo cual hizo durante muchos años, sino también como superiora de algunas casas y consejera general. Cuando los años entorpecieron sus habituales actividades, se le dejó en la casa central en donde sobre todo se dedicaba a orar por todos, especialmente por la Congregación. Con el buen humor que no pudo arrebatar la ancianidad, ayudaba a sus hermanas a sobrellevar las penas de cada día. Sus gracejos y su hablar lleno de gracia hacía que las demás buscaran su conversación. De la M. "Cholita", como cariñosamente se le llamaba, todos los recuerdos coinciden en señalar su caridad, su oración, su amor al trabajo, su buen humor, su sencillez y humildad. Era un alma grande entregada a Dios y sufrida. Se caracterizó por su amor al trabajo arduo, duro, sacrificado y rutinario como era el encargarse de proveer a la comunidad de la despensa.
            Así sencillamente, como había vivido, dejó este mundo la M. Cholita el día 1 de enero de 1961.


M. ANTONIA DEL ESPIRITU SANTO VELAZQUEZ MENDEZ

Las tres mencionadas hasta aquí eran profesas en la Congregación de Hijas del Calvario. Junto con ellas salieron dos profesas más y tres novicias o postulantes entre ellas Ma. de Jesús Velázquez, que fue quien perseveró en la nueva comunidad, y ha pasado a la historia como fundadora.
            Era originaria del pueblo "El Hospital", Coatepec Harinas, Méx., donde había nacido el 5 de septiembre de 1875. Dos días después fue bautizada en la parroquia de la Asunción de Coatepec. Se de dió en nombre de Regina Donaciana. Sus padres fueron José Sotero Velázquez y Ma. de Jesús Méndez.
            Al quedarse viuda su madre contrajo nuevo matrimonio, y entonces Donaciana pasó a vivir con un hermano de su madre que se encontraba casado con dos hijas. Desde entonces Donaciana consideró a esta familia como la suya, y le profesó un profundo cariño.
            El pueblo El Hospital tenía una escuelita donde se impartía la enseñanza elemental. De carácter apacible, alegre, de índole piadoso, se reflejaba en su semblante siempre sonriente. No se conocen detalles del despertar de su vocación, pero se asegura que cuando tenía 26 años de edad, la M. Manuela Muciño que probablemente estaba en la casa de las Hijas del Calvario de Toluca, llegó al pueblo El Hospital, a visitar a unas personas conocidas en busca de ayuda económica y entonces Donaciana que quería ser religiosa se fue con ella. Su ingreso probablemente, tuvo lugar  en la casa de Toluca, el mes de junio de 1902. De esta casa debió salir junto con la M. Manuela Muciño para formar parte de la nueva comunidad, en 1903. Era todavía novicia.
            En la nueva Congregación tomó el nombre de Antonia del Espíritu Santo. Fue durante mucho tiempo maestra de novicias, consejera general y superiora de varias comunidades. Quienes la conocieron aseguran: "que jamás se le vio impaciente en todos los momentos de su vida tristes o alegres, duros o amargos; siempre tenía la sonrisa en sus labios, para sus novicias no tuvo más que buenos ejemplos y amor maternal" También recuerdan que les decía: "que una Carmelita debe ser muy mortificada y callada y dar ejemplo en todo".
            Era muy humilde y sufrida. Se le recuerda como buena maestra "Tenía mucha iniciativa para usar material didáctico en medio de nuestra pobreza. Todas acudían a ella, en los primeros tiempos, para cualquier orientación de clase. Su vida la pasó oculta".
            Las frases que de ella se recuerdan son "Hay que ser siempre humildes y sencillas". "Es mejor hablar con Dios que de Dios". De voz suave y carácter apacible será recordada especialmente por su sonrisa y su piedad sencilla y alegre.
            El día 13 de febrero de 1946, un fatal accidente privó de la vida a la Madre Antonia. Ese día, como a las cuatro y media de la tarde, la Madre "Toña", como cariñosamente la llamaban, salió de la casa para comprar carbón que necesitaba para hacer las hostias. Al pasar la calle vio que venía un caballo desbocado. Ella procuró pasar rápido y lo logró antes de que llegara el animal. Sin embargo, éste se devolvió y subiéndose a la acera la arrolló. El médico que acudió de inmediato mandó que no se moviese permaneciendo en el lugar del accidente. Llegó también el Señor Cura, D. Arturo Vélez y pudo administrarle los últimos sacramentos. Pasados cuarenta y cinco minutos de la media noche, murió. A su lado se encontraba el Señor Cura, el médico, el Presidente municipal y sus Hermanas de comunidad.
            Su muerte fue muy sentida por todo el pueblo ‑San Bartolo, Mex.‑, donde ella pasó muchos años de su vida. Al morir tenía 69 años de edad.

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